Cuándo se crea y por qué

Confieso que mi trabajo en serio con la música comenzó sin darme cuenta, recibí la invitación desde la presidencia del Comité de la UNEAC en Guantánamo, en la persona de Jorge  Núñez  Motes. Llegó a mi casa una tarde de junio 1991, invitándome a conducir un espacio en las tardes de sábado en la Sala Celosía, cita en Máximo Gómez entre Emilio Giró y Bartolomé Massó en esta ciudad. Me comunicó que la idea le surgió a George Núñez director del teltcentro de Solvisión en Guantánamo el cual me había oído cantar una noche en que la UNEAC celebrada Festival de Tríos en esta ciudad, esta solicitud, en la sala de mi casa, tuvo como testigo a mi madre, la cual ahora que rememoro no mostró disgusto lo único que me exigió que si aceptaba debía ser con responsabilidad y me dijo que para ello tenía que superarme. Me aseguró que  con este compromiso yo  quedaría  atrapada  para  siempre. Así ha sido.

 

Comenzamos  una tarde de sábado,  un grupo de amigos amantes de las descargas musicales, mayoritariamente artistas guantanameros. La UNEAC, también convocó a un pianista para que me acompañara  en esta locura cubana: el señor Claudio MacPherson William, con el cual se desarrolló esta peña aproximadamente cuatro años maravillosos.

 

Las tardes comenzaban con temas cubanos de la trova tradicional cubana y se continuaba con los famosos  Boleros de Oro. Temas del género bolero, que se han cantado siempre, porque  nos traen recuerdos que hacen vibrar, y eso las hace actuales. Pasan de una generación a otra haciendo imperecederos  recuerdos de amores imposibles, otros apasionados, traicioneros, etc. Todo salpicado por tragos de buen ron cubano, cocteles, cervezas… que nos llevaban a descargar con estilo muy cubano: feeling.

 

Desde los primeros encuentros  el  entusiasmo  por  vernos el sábado siguiente llenó nuestras mentes con ideas novedosas que hacían renacer la descarga, que también tenía de tertulia, de peña cultural, de espacio de encuentro, de acción comunitaria, de momento de intercambio cultural  y hasta de terapia de grupo. Cada participante traía su propio aporte y en el momento se fabricaba el producto cultural que íbamos a disfrutar.

 

A mí siempre me ha tocado el difícil trabajo de colocar a cada artista, o simplemente a cada participante en el justo momento  de la tarde noche que garantizara el ritmo en crescendo. Por disfrutarse  de estos momentos de manera continuada,  fue que surgió la necesidad de darle un nombre  al espacio ya fijo, para  su promoción, y sobre todo para identificar la peña como nuestra.

 

Recibí como bautizo el nombre de la Peña: BOLEREANDO, de boca de una excelente escritora de esta ciudad: Ena Ruiz Columbié, amiga especial y casi dueña de este espacio. Ena siempre tuvo un sentido de pertenencia  por esta peña. Estuvo mucho tiempo alejada de nuestra ciudad, pero cuando volvió, demostró su orgullo con lágrimas en los ojos. Orgullo de encontrarse  su gente aún reunida aquella noche disfrutando de la descarga. Su descarga Bolereando.

 

Todo este intercambio semanal yo lo hacía acompañada de mi hermana Fifa, que cantaba conmigo. Acompañadas  con el piano de Claudio, gozábamos que él nos traía en cada encuentro una canción hit  de los años 40 y 50, para recordar y cantar. Quiero recordar que el llamado período especial en Cuba se hizo sentir de manera particular.

 

A ese grupo de personas que nos reuníamos para escuchar y hacer música sentida a nuestra manera, los Bolereando nos sirvió como una vía de escape y un regalo de la vida, ya que evacuábamos el agobio de esos momentos, en ese tiempo de reunión y a través de la música, la poesía, la declamación, la danza, la reflexión literaria o simplemente el conversatorio ameno. Poníamos en nuestros pensamientos asuntos que nos llenaban de positividad el espíritu. Muchas personas me recuerdan aquellos tiempos y me aseguran que el Bolereando les  alivió muchos pesares.

 

Fueron muchos los temas que se cantaron en esos primeros años que ya eran esperados por el público que asistía regularmente los cuales eran canciones aprendidas por mí, de escucharlas cantando por mi mamá o tocadas al piano por mi papá o simplemente escuchadas en  la radio y la tv .A este grupo de canciones se adicionaron otras que me traía Claudio el pianista y que satisfacían  de manera sensacional  el gusto de todos los artistas y público en general. QUIERO decirle que mi madre fue la persona que me mantuvo la inspiración y el deseo vivo para estos encuentros, porque en aquellos primeros años yo vivía en un apartamento del Reparto Caribe de esta ciudad ubicado geográficamente lejos del sitio de donde nos reuníamos y antes de llegar a la sala Celosía de la UNEAC pasada a verla y ella no desaprovechaba el momento y me sugería canciones que hasta me daba la letra escrita en un papel, y  me las hacía tararear para corregirme la melodía y después al otro día que la visitaba, yo le contaba como había quedado.

 

Esta gestión para mi canto que tuve de mi mamá, que en realidad era el  canto de las dos, nos hizo más afines y nos permitió compartir la sensibilidad que ambas teníamos por la canción. También el público pedía un tema específico  y ya quedaba en el repertorio .el cual poco a poco se fue enriqueciendo y diversificándose en cuanto a géneros.   Aclaro que el género que hemos siempre defendido con pasión ha sido el bolero pero también se han cantado en el espacio baladas, sones, boleros-chas, tangos, blues, trova santiaguera, bossa etc. Siempre escogiendo textos que nos permitan hacer defensas decorosas al amor, la ternura, el amor no correspondido, al desamor, a la amistad etc., y de esta manera por escogerse en la defensa de la canción asuntos  que de una manera u otra atañen a todas las personas , siempre ha funcionado el intercambio en estas descargas como terapias de grupo , porque el producto que se defiende  es de interés  común.

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