Vida artística

Mi familia y mis amigos forman parte activa indispensable de mi vida cotidiana. Tengo la suerte de poder compartir con ellos el amor por la música. Mencionando esto, me refiero a mi segunda, y no por eso menos importante, profesión… Cantante. Me siento como una doctora que canta, porque primero recibí título de doctora y luego se me otorgó el de cantante, aunque en realidad, canté antes de ¨arreglar dientes¨. La única diferencia entre mis dos profesiones es que la estomatología alivia el dolor físico, y con la música trato de aliviar el espíritu. La semejanza entre ellas está en que para lograr el alivio es necesaria una adecuada   comunicación  con las personas, ya sea  como pacientes  o  como público.

 

Tuve la suerte de cantar desde muy pequeña, porque recibí formación vocacional en la Escuela de Música de Guantánamo ¨Luis Artemio Carbó Ricardo¨, allá por los años sesenta y setenta, cuando la profesora Antonia Luisa Cabal, ¨Tutsie¨, nos enseñaba a cantar en el coro para niños dirigido por ella, génesis del conocido Vocecitas de Cristal de mi ciudad.

 

Fueron años muy felices porque la profesora Tutsie nos ofrecía una vida activa, con presentaciones dentro y fuera de la provincia  durante todo el año. Esta enseñanza desarrolló mi  vocación artística y  me permitió desempeñarme como solista en brigadas culturales en la secundaria y en el preuniversitario, además de que formé parte de agrupaciones musicales hasta en la universidad.

Todo esto permitió mi vinculación a una vida como aficionada de la música. Tanto es así, que no pasa un reencuentro de mis antiguos compañeros de toda una vida estudiantil, en que no se rememoren aquellas veladas donde cantábamos en campamentos, recreos, playas, fiestas… yo sugería temas y los demás me seguían a voz en cuello. Momentos para no olvidar, tan especiales que aún no pierdo la costumbre de invitar al público a cantar conmigo.

 

Puedo recordar como significativo que siendo estudiante en el preuniversitario  Rubén Batista de GUANTÁNAMO  formé parte de una agrupación musical que no recuerdo tuviera nombre propio pero si tengo muy presente a los amigos que  gozaron conmigo en esta aventura y que nos unió para siempre. Los integrantes éramos (SOMOS): bajo eléctrico Rafael Loforte, Guitarra eléctrica prima JOSE, segunda guitarra Chachi, batería Luis Rodriguez, piano eléctrico Paula Villalón, todos estábamos bajo la dirección de un instructor de música excelente profesor Angel Savón y los ensayos se desarrollaban en la calla Beneficencia entre Aguilera y Crombet en un local que el instructor tenía ensayos.

 

Esa etapa fue divina de mucha participación sana y fraternal, llegamos hasta competir en Festivales Nacionales de la FEEM celebrados en ciudad de La Habana. Escribir estas verdades de mi vida como aficionada me entusiasma porque parece que fue ayer. Estos hombres están en mi mente siempre y en mi  corazón como hermanos, sé, que nos queremos de verdad.

 

Te cuento que en Santiago de Cuba como estudiante universitaria también viví una experiencia importante como aficionada al participar como cantante de la universidad médica en Conciertos que preparaba la Orquesta Sinfónica de Oriente en el parque Céspedes allá por los años 70 del pasado siglo. Esos momentos nos dieron valor y nos desarrollaron la seriedad y el compromiso  que se requiere para esta labor como  artista, aunque fuéramos aficionados

Después de graduada me apareció la oportunidad de cantar con toda sistematicidad y comienzo mi trabajo como cantante  ya responsable.

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