Conversando con un distinguido

José Cuenca SosaGuantánamo está de fiesta porque tres de sus mejores hijos de la cultura han recibido la Distinción por la Cultura Cubana otorgada por el Consejo de Estado de nuestra República: José Cuenca Sosa, Axel Rodriguez Lora y Conrado Monier, los cuales hemos transitado desde la infancia por los caminos de la música y la cultura en el Guaso. Le solicité a Cuenca, como amigablemente le llamamos sus impresiones vividas en su viaje a la capital para recibir distinción.

CRÓNICA DE UNA TRAVESÍA DE AMOR Y AMISTAD

Por: José Cuenca Sosa

Mi esposa y yo habíamos decidido que no viajaríamos a La Habana, para presentar nuestra ponencia, Changüitroveros, trovasoneros y otros trovadictos. Una mirada a la presencia de Guantánamo en la trova cubana, en el Simposio Internacional Cubadisco. Agotadas todas las gestiones, al no tener la seguridad de los pasajes de regreso, era mejor no atreverse a quedarnos varados en la capital.

Inmersos en el desmontaje de la travesía, recibí una llamada del Instituto Cubano de la Música (ICM). Una voz femenina y respetuosa preguntaba si era la casa de José Cuenca, y al responder, me dijo sin más rodeos. —A Usted se le ha otorgado la Distinción por la Cultura Nacional, muchas felicidades, debe estar en La Habana el día 17 para la ceremonia de condecoración.

Esto es una jodedera, pensé, pero no atinaba a descubrir la voz de la posible impostora. En fin, ella quedó en que seguiríamos en contacto, a lo que respondí explicando que acabábamos de suspender nuestro viaje. —Yo lo llamo —, volvió a  decirme. La cosa parecía seria. En ese instante mi primer pensamiento fue para la persona  que más he querido y admirado en este mundo, mi madre Bertila Cuenca Sosa, cuyas lecciones de humildad, decencia, perseverancia y dignidad me sostienen hasta hoy.

Pasados unos 30 minutos recibí otras llamadas del instituto para comunicar que se estaban realizando las gestiones necesarias que garantizarían el viaje. De igual manera lo hicieron la Dirección Provincial de Cultura, el Centro Provincial de la Música y el Sindicato Provincial de Cultura. La travesía estaba segura, viajaríamos mi esposa, yo y otro de los condecorados, el maestro Conrado Monier. Axel Rodríguez, quien también había sido distinguido, no lo haría por problemas de salud.

Verdaderamente todo había comenzado mucho antes, por lo del Cubadisco, y los amigos tuvieron en todo momento un rol fundamental. Los azares de la vida jugaron también su papel. Conversando sobre el viaje, el tema de la ponencia y otros detalles, nuestra querida amiga Paula Villalón Fernández tuvo, como acostumbra, varias ideas estelares. Lo primero fue insistir en que no desistiéramos hasta el último momento. Después se le ocurrió hacer una especie de tarjeta promocional que incluyera la campaña pro declaración del changüí como Patrimonio de la Cultura Nacional, además del título de la ponencia, adjuntándole nuestra dirección electrónica. Pero el más grande aporte de Paula y su familia fue darnos acceso a un cuaderno manuscrito de puño y letra del trovador guantanamero Benito Odio con textos de sus canciones. Esa constituyó la principal novedad del trabajo presentado en el segmento académico del Cubadisco, dedicado a la trova, además de su importancia para la salvaguarda del patrimonio musical cubano.

El 17 de mayo fue sin dudas el día cumbre. A las 11 de la mañana, la presentación de la ponencia y a las 7 de la noche, la ceremonia de condecoración.

Llegamos temprano al Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC) donde sesionaba el simposio. Yo estaba igual de nervioso por la ponencia que por la posible asistencia o no de la tía de Paula, Ana Luisa Cardona, Muñeca, quien también es su madrina y a la vez sobrina de Benito Odio. Ella fue quien donó los cuadernos y yo la había invitado a la sesión pues me parecía un deber y un gesto de elemental agradecimiento, ante una decisión que podía quedar en el anonimato. Honor a quien honor merece.

Para garantizar su asistencia fue fundamental la colaboración de la doctora Josefa Villalón, Fifina, hermana de Paula quien acompañó a Muñeca esa mañana. Ella, quien al igual que Paula fue estudiante de nuestra querida Escuela de Música en su infancia, demostrando el talante y linaje de los Villalón Fernández, resolvió todo e incluso me facilitó un primer contacto con su tía.

Lo que imaginé un dialogo como cualquier otro se convirtió en un momento inolvidable  pues, desde sus primeras palabras, Muñeca me trasmitió una sensación de entusiasmo, optimismo y ternura que no esperaba, teniendo en cuenta que hacía solo unos meses ella había perdido a su hijo. Ya, en el propio simposio, rebasó todas las expectativas, tomó el micrófono, y como buena guantanamera y patriota resaltó los valores de su familia, del changüí, de la trova y los carnavales, cerrando con broche de oro nuestra participación, que también se honró con la presencia y las intervenciones de la musicóloga Neris González, el trovador villaclareño Rolando Berrío, el músico guantanamero residente en España, Yelsy Heredia, y su hermana la musicóloga Yurien Heredia, a quien agradecemos también sus gestiones para garantizar nuestra presencia en el certamen.

Concluida la sesión teórica, en medio de una rebosante efervescencia changüisera, que marcó la jornada matutina, vendría el segundo momento importante del día. Pasados unos minutos, luego de las seis de la tarde, estábamos en el Memorial José Martí esperando el inicio de la ceremonia de condecoración.

A las siete de la noche, por uno de los laterales del memorial aparecieron Miguel Díaz- Canel, Abel Prieto, Miguel Barnet, Abel Acosta, Orlando Vistel y para sorpresa de todos, los primeros secretarios del Partido de cada una de las provincias de los condecorados, entre ellos Denny Legrá Azahares y Luis Antonio Torres Iríbar. Las notas del Himno Nacional nos estremecieron y seguidamente la musicóloga Marta Bonet, en su condición de vicepresidenta del ICM, leyó el decreto que avala el otorgamiento de la Distinción por la Cultura Nacional. Con orgullo, desde la segunda fila de las cuatro formadas, escuché mi nombre. Más adelante recibí la condecoración, el abrazo y las felicitaciones del Ministro de Cultura Abel Prieto. Solo atiné a decir gracias, con la voz entrecortada.

Casi al concluir la ceremonia miré hacia atrás y estaba junto a mí, bella y elegante como siempre, mi compañera de aventuras y desventuras en la vida y en el mundo de la investigación, Yaremi Estonel. Le di  un beso con la convicción de que esa medalla también le pertenecía.

Todo terminó en el Delirio Habanero, con el Septeto Habanero y las improvisaciones de Alexander Abreu, María Victoria Rodríguez, Cesar López, Eduardo Sosa, Rolando Luna, Emiliano Sardiñas, Orlando Valle, Maraca,… Como buenos guantanameros apagamos la vela, así también lo hicieron Abel Prieto, Abel Acosta, Miguel Barnet, el director de la EGREM, el productor musical Emilio Vega, el poeta Sigfredo Ariel y otros.

No más de tres días, pero suficiente. Para mí fue un orgullo compartir la condecoración con dos amigos y hermanos, Axel Rodríguez, flautista concertista y paradigma de la pedagogía musical en Cuba y Conrado Monier, arreglista y director orquestal, el Juan Formell del movimiento coral cubano.

En esta hora de recuento mi agradecimiento eterno para Pedro Caverdós Rosés, Angelina Quert, Tussi Cabal, Clarisa Creagh, Lucy Debesa, Sara Parúas, Sócrates Villalón y tantos otros que nos formaron, también para amigos como Paula Villalón, su hija Liz Susel Abad, su hermana Fifina y para Muñeca. Para ese grande de la cultura guantanamera y cubana, el escritor Eldys Baratute y su equipo de la Asociación Hermanos Saíz, para Yoelvis Labañino, nuestro director provincial, para Yusimí Ramírez la subdirectora, para… Luna director del centro de la música, Adalberto Suárez, Coti, el subdirector técnico, para Susasa Orphe, nuestra líder sindical. Para el equipo de dirección del ICM.

Esta medalla es un compromiso cada vez más firme con la cultura cubana y nuestro Guantánamo.

 

Guantánamo, mayo 23 de 2017.

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