NOTA PARA UN BOLEREANDO

IMG_20160618_075213Usted podrá ser uno de sus fanáticos o estar en el bando de los detractores pero en cualquier caso, no podrá negar que desde hace veinticinco años, el bolero en Guantánamo ganó un nombre, un estilo y una pasión: Paula Villalón Fernández.

Conspiradora nata, esta artista de pies a cabeza nos recuerda por momentos a Elena Burque, Ella Fitzgerald, Mercedes Sosa, Aretta Franklin, Freddy, Beth Carvalho o Mayra Valdéz. No solo por lo voluminoso de su cuerpo, sino por el desenfado, espontaneidad, potencial vocal, visión universal, ajena a cualquier provincianismo, y sobre todo por esa manera literalmente visceral de asumir la cancionística.

Paula invita a “bolerear” y cuando usted traspasa esa puerta mágica ya no podrá volver atrás. Ella lo atrapa desde el más fino lirismo, el sonido más gutural, el osado intervalo, el scat virtuoso, un gesto sensual y provocador la anécdota oportuna, hasta la palabra agradecida a los amigos. Blues, soul, jazz, bossa nova, elementos trovadorescos y trovasoneros, el feeling y por supuesto, el bolero más tradicional se emparenta por vasos comunicantes e hilos invisibles que tienen una sabia nutricia, nuestra herencia músico cultural.

Eso y más es el bolereando.

Nada es casual, todo está en sus genes mestizos, o lo que es lo mismo, en las huellas familiares y culturales que la habitan, pero eso ya lo dijo ella “en primera persona” y de manera insuperable.

Solo agregar que cuando hablo de herencia además de Dixiana, Sócrates y la familia más cercana que incluye a Benito Odio, junto a las demás ilustres de la canción que ya mencioné, tampoco puede faltar otros nombres emblemáticos coterráneos de Paula: Rafael Inciarte, Luis Morlote, angelina Quert, Pedro Averdós, Lili Martínez, Alicia Peters, Lina Zamora, Noel Nicot, Iván Quindós, Angel Savón, Tito Ferrer, Clarisa Creagh, Tusy Cabal, Bertha Dupuy y hasta el mismísimo Chito Latamblé, sin olvidar a los jóvenes músicos que la han acompañado( otros de sus aciertos) y de los cuales aprende en cada entrega.

Ella tiene y defiende, porque lo ha labrado, su propio espacio troncal. A mí se me antoja una especie de árbol frondoso. Un día, mirándola discretamente, di con lo que buscaba. Por su cubanidad e imponente presencia y fortaleza no podría ser cosa que una ceiba.

La ceiba que entre ríos canta boleros.

José Cuenca Sosa

Marzo 17/ 2016.

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